HAURRAK HAUNDITZEN DOAZ Al atardecer estamos cansados hemos creído tanto o, quizá, tan poco. Los niños van creciendo. Hay tantas piedras a diario dificultando el camino como arañas en el cerebro y el sueño se vuelve pesado el amor más rutinario y tus ojos están tristes porque te diste cuenta de que era del montón que no hay misterios en el devenir de la vida. Pero siguen pasando trenes y soñamos el bello viaje. Aún soñamos de mañana a la luz del alba al oír pasar el tren.