Él llegó sin hablar mucha cosa, no hablaba de más Eso sí, le gustaba y olía y hablaba del mar Un tatuaje azul en cada brazo y un oro en un diente Fueron causa de que ella lo amara perdidamente Poco tiempo después él partió, nadie supo hacia dónde Y en los ojos mi madre empezó a juntar mar y horizonte Lo esperaba parada, clavada, en la piedra del puerto Cruel olvido y el viejo vestido cada día más corto Cuando al fin yo nací, tiernamente me envolvió en un manto Me vistió y me adornó cual si fuera una especie de santo Y por no conocer otra cosa, la pobre mujer Me arrullaba cantando canciones de cabaret No tardó en difundir por el barrio que, en aquella cuna Se dormía y crecía algo más que una simple criatura Nunca supe si por ironía o si por amor Decidió que mi nombre sería el de Nuestro Señor Esta historia y mi nombre temido me están esperando Cuando voy de tugurio en tugurio peleando y cantando Todo el bajo, todos mis amigos de copa y de cruz Me conocen muy bien y me llaman el Niño Jesús