Me quedé escuchando el ruido del refrigerador Y he aprendido de memoria todo en su interior Voces de ninguna parte hablan de tu amor Cuando no comíamos nada por quedarnos en la cama Fue con la Singer de la maquila En la fábrica de hilados donde a mi overol tejí tus manos Yo en el taller, tú en la oficina Mis horas extra fueron tus besos Y una lágrima de aceite fue la que sirvió para engranar tu corazón A mi incipiente rebeldía Las costureras siempre a las siete de la mañana Nos dedicaban versos entre sus hilvanadas Y tú me bailabas como las hadas Cuando el patrón se enteró de nuestro amor Vino hacia mí y con su sonrisa de fábrica Me echó a la calle Con nuestros doce del ochenta y cinco Aprendimos pronto a ser felices A pesar de haber nacido bajo el gobierno de Echeverría Un diecinueve de septiembre Yo incitaba a huelga cuando la ciudad de piedras oxidadas derrumbó Lo más valioso que tenía Con mis ideas de democracia y revoluciones Enloquecí ocho grados en la escala de Richter Y bajo el desastre tu traje sastre Pero el patrón me gritó: Si lo que quieres es trabajar Primero saca las máquinas, luego a tu nena Me quedé escuchando gritos en el interior Pero sólo había cruces a mi alrededor Avisé desesperado al enterrador Pero nunca oyeron nada (¡Sáquenme de aquí!) Desde entonces creo en Hadas