El perro y su amo se peleaban por el mismo hueso No querían los restos, para sobrevivir Eran dos en un millón y a la vez como nosotros Con dos corazones rotos y un incierto porvenir Decidieron amigarse a los golpes y olvidar Apostaron sus cabezas, para no tener en que pensar Y ninguno pecó de listo ni sabían nuevos trucos Solo eran dos brutos, tratándose de engañar El perro y su amo habían perdido la correa Y olvidaron quien llevaba a quien atado Encontraron libertad pero no supieron que hacer con ella Pisaban sus propias huellas pensando seguir otros pasos En el cielo no había nadie y las lunas no alumbraban A veces es difícil diferenciar una noche de un día Y en el peor de los momentos se dieron cuenta de algo El peor de sus pecados fue lamerse las heridas