Otra noche encerrada en mi fria habitación, otra vez fundida en miedo y desesperación. La cena ya se ha enfriado encima del fogón, y siento un fuerte dolor muy cerca de mi pezón. Tembloroso y con sus pasos él llega hasta aquí, bien enfadado y borracho y no quiere dormir. Ya no queda agua en el vaso y para no verle vacío solo queda asumir el frío del rocío. Los niños no pueden dormir saben que ha vuelto a venir, el que primero da la vida y después te la quita. Infame infancia por doquier y no sabe que es el querer. Ni un referente ni un patrón para guiar a su razón. Y ahora ella: tiene ganas de volar, tiene ganas de volar, tiene ganas de volar, tiene ganas de volar. Vuela porque piensa que la libertad en el amor de vuelta no lo va a encontrar Vuela porque piensa que la soledad en la tumba nadie la va a molestar. ¡Tiene ganas de volar!